¿Cerrarán licenciaturas en la UNAM? Mientras miles pelean por Medicina, estas son las carreras que casi nadie quiere estudiar



La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha puesto sobre la mesa la posible desaparición de al menos 17 licenciaturas que, año tras año, registran más plazas disponibles que aspirantes. La secretaria general de la institución, Patricia Dávila Aranda, confirmó que estas carreras están siendo revisadas para valorar su pertinencia y no descartó un eventual cierre si, tras ser actualizadas, no logran atraer al estudiantado. 

La noticia revela el rumbo que están tomando los intereses académicos y laborales de los jóvenes mexicanos, lo que puede influir en la reconfiguración de la oferta académica de la UNAM y de otras instituciones de educación superior en México. 

Las carreras que están en la mira

De acuerdo con los datos publicados por la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) de la UNAM y retomados por varios medios, en la convocatoria de ingreso de 2025 fueron 17 las licenciaturas que no cubrieron los espacios ofertados, concentrados principalmente en los campus foráneos de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) en Morelia, León y Mérida, y en algunas facultades de Ciudad Universitaria.


El contraste con las carreras más demandadas es abrumador: mientras las licenciaturas en Medicina, Derecho y Contaduría concentraron 47 mil 204 aspirantes para apenas 2 mil 235 lugares (con Médico Cirujano a la cabeza, con 27 mil 38 solicitudes para 326 espacios), las 14 carreras con menor demanda sumaron apenas 514 postulantes para 596 lugares.

A continuación, se presenta una tabla con las licenciaturas que tuvieron menos aspirantes que lugares disponibles, según la información de la DGAE y diversas fuentes periodísticas:




*Nota: Geociencias tuvo un aspirante más que los lugares ofertados, pero se incluye en el análisis por su baja competitividad.

¿Por qué nadie las elige?

De acuerdo con una nota del diario La Crónica, la Dirección General de Orientación y Atención Educativa de la UNAM ha identificado múltiples causas que se entrelazan para explicar la baja demanda de estas licenciaturas. El factor geográfico es determinante: nueve de las 14 carreras con menos aspirantes se imparten en campus foráneos de las ENES, lo que implica un costo de traslado y manutención que muchas familias no pueden asumir, especialmente para los aspirantes provenientes de la Ciudad de México y su zona metropolitana, donde se concentra la mayoría de los solicitantes.

La desinformación y la falta de difusión son otros elementos cruciales. Muchos jóvenes desconocen el campo laboral de disciplinas como Geociencias, Ciencias de Materiales Sustentables o Etnomusicología. Existe la percepción errónea de que estas carreras tienen "poco futuro" profesional, a pesar de que, en algunos casos, se trata de áreas con alta vinculación tecnológica y científica. De hecho, un estudio reciente reveló que carreras como Geociencias son percibidas erróneamente como opciones con escasa salida laboral, cuando en realidad mantienen una fuerte vinculación con sectores tecnológicos y ambientales en crecimiento.

Otra razón importante radica en la naturaleza de las propias licenciaturas: muchas son de reciente creación y aún no han alcanzado un nivel de reconocimiento social comparable al de las carreras tradicionales. Además, algunas tienen nombres que no comunican con claridad su objeto de estudio ni su aplicación práctica, lo que dificulta que los aspirantes las identifiquen como opciones viables.

El factor económico también desempeña un papel determinante. De acuerdo con el investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), Dr. Hugo Casanova Cardiel, la presión socioeconómica ha llevado a que muchos jóvenes opten por incorporarse rápidamente al mercado laboral antes que continuar estudios superiores. El esfuerzo económico que implica el transporte, los útiles y el tiempo es visto por muchas familias como un gasto antes que una inversión.

La postura de la UNAM: revisar, actualizar y, si es necesario, cerrar

La secretaria general de la UNAM, Patricia Dávila Aranda, ha sido enfática al señalar que el cierre de carreras no es una decisión tomada ni inmediata.  "No tiene nada de malo. Todo en este mundo se intenta, se apuesta a algo; después no se logra, se hacen los ajustes y, si esto no funciona, pues a otra cosa", declaró, de acuerdo con una nota del periódico La Jornada. Explicó que se está evaluando la pertinencia social de cada programa y si es de interés para la zona donde se imparte, en un proceso que puede llevar meses o incluso más de un año, en el que intervienen académicos, funcionarios, exalumnos y consejos técnicos y académicos.


Dávila Aranda subrayó que la modificación de un plan de estudios es "una cosa muy seria y muy complicada", que involucra al director de cada facultad y a su consejo técnico, y que ningún cambio se impone de manera unilateral. "Es un trabajo que dura meses, si no, años. Es complicado porque, como universitarios, debatimos todo, o sea, no es de que alguien diga, 'esto se va a hacer', no. Es un trabajo arduo y difícil", remató.

La funcionaria aclaró que esto no significa que estén pensando en eliminar las carreras de baja demanda, pero sí especificó que las están revisando. Descartó que hubiera estudios que no valieran la pena o carecieran de importancia para el país, pero reconoció que sí deben mejorar su currícula.

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, también se ha pronunciado al respecto desde febrero de 2026, cuando afirmó que "la intención no es cerrar en este momento ninguna carrera" y que "no se van a tomar decisiones unilaterales". Sin embargo, reconoció la necesidad de fortalecer la demanda de estas licenciaturas mediante estrategias de difusión, la posible apertura de un segundo registro para el examen de ingreso y, en algunos casos, la revisión del plan de estudios o incluso del nombre de las carreras para hacerlas más atractivas o precisas.

La defensa de las humanidades y el valor de la diversidad académica

La posibilidad de que algunas licenciaturas desaparezcan ha generado una fuerte reacción en la comunidad universitaria, particularmente en las áreas de humanidades y lenguas modernas. El Consejo Técnico de la Facultad de Filosofía y Letras advirtió sobre el impacto que tendría la desaparición de estas licenciaturas, especialmente aquellas que solo se ofrecen en lengua original en la UNAM. "La permanencia de Letras Modernas en la oferta universitaria es imprescindible en un mundo que necesita con urgencia el pensamiento crítico", señalaron. La facultad recordó que estas disciplinas han contribuido a posicionar a la UNAM en altos lugares en los rankings internacionales.

De hecho, el área de Humanidades y Artes de la UNAM ha alcanzado el lugar 22 a nivel mundial según el QS World University Rankings, mientras que Estudios del Desarrollo se ha ubicado en el puesto 26. Estas cifras contrastan con la baja demanda de algunas de estas carreras y ponen de manifiesto una paradoja: la calidad académica no siempre se traduce en interés por parte de los aspirantes.

Diversas voces críticas han señalado que esta medida representa un riesgo para la diversidad académica y cultural de la universidad. La revista especializada Común publicó un artículo titulado "Asfixiar la diversidad" de Gonzalo Soltero, en el que se argumenta que la decisión de condicionar la apertura de carreras al número de aspirantes es un 

"claro ejemplo de la imposición de lo cuantitativo como brújula del mundo y de la universidad pública; de cómo se toman cada vez más decisiones con base en una hoja de cálculo, para la cual las personas y el conocimiento cuentan poco".

Otros análisis, como el publicado en La Jornada de Oriente bajo el título "Humanidades en crisis", advierten que el desinterés por estas disciplinas es un fenómeno que se extiende a otras universidades del país, como la BUAP, y que, de continuar la tendencia, podrían cerrarse programas como Historia, Filosofía, Antropología e incluso Literatura. "Hay una crisis y es seria", sentencia el texto.

Un fenómeno que refleja cambios estructurales más amplios

La situación que enfrenta la UNAM no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una tendencia más amplia de transformación del interés de los jóvenes por la educación superior en México. Entre 2020 y 2025, la demanda para ingresar a las licenciaturas de la UNAM cayó un 30 por ciento, al pasar de 290 mil 759 aspirantes a apenas 202 mil 101, lo que representa un descenso de 88 mil 658 jóvenes en busca de un lugar. Paralelamente, la propia universidad redujo su oferta de admisión en un 10,6 por ciento, al pasar de 54 mil 364 alumnos aceptados en 2020 a 48 mil 560 en 2025.


Este fenómeno tiene múltiples causas. De acuerdo con el Dr. Hugo Casanova Cardiel, entre los factores principales se encuentran: la presión socioeconómica, que lleva a muchos jóvenes a priorizar el ingreso al mercado laboral; la desigualdad y los contextos adversos, que operan como obstáculos para muchos aspirantes; y la desinformación y la percepción del retorno educativo, con creencias que minimizan el impacto de una licenciatura en el futuro profesional.

A esto se suma una realidad demográfica: México está experimentando una desaceleración del crecimiento de la población joven, lo que reduce el número de potenciales aspirantes a la educación superior. De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Superior (SES), la tasa de cobertura en educación superior para jóvenes de 18 a 22 años se ha mantenido en torno al 34 por ciento y, en algunos periodos, ha mostrado ligeros retrocesos.

En este contexto, las universidades enfrentan "una tormenta perfecta": pérdida de prestigio social, caída demográfica, escasez de financiamiento y disrupción tecnológica. En países como Japón y Corea del Sur, las universidades ya están cerrando por falta de alumnos debido al envejecimiento de la población, un fenómeno que podría replicarse en otras regiones del mundo.

El espejismo laboral: el atractivo de las carreras masivas y la sobrecarga de las aulas

Mientras las carreras de humanidades y ciencias sociales luchan por atraer aspirantes, las licenciaturas tradicionalmente vinculadas a las profesiones liberales (Medicina, Derecho, Contaduría) siguen concentrando la demanda de manera desproporcionada. Tan solo tres carreras —Contaduría, Derecho y Médico Cirujano— concentraron el 23,6 por ciento del total de aspirantes en 2025.

Esta concentración tiene implicaciones preocupantes: mientras miles de jóvenes se quedan sin un lugar en la universidad por no alcanzar los altos puntajes requeridos en estas carreras, otras opciones de alta calidad académica y con buenas perspectivas laborales permanecen con las aulas medio vacías. De acuerdo con la UNAM, carreras como Actuaría, Urbanismo e Ingeniería Geofísica ofrecen tasas de empleo superiores al 92 por ciento y salarios competitivos, además de mucha menos competencia en el ingreso.

Sin embargo, la brecha entre las carreras más y menos demandadas no se explica únicamente por la desinformación. También intervienen factores culturales y sociales profundamente arraigados. Las profesiones liberales gozan de mayor prestigio social y cuentan con una trayectoria más claramente definida en el imaginario de los jóvenes y sus familias. En contraste, las nuevas carreras interdisciplinarias que ofrecen las ENES (como Desarrollo Territorial, Estudios Sociales y Gestión Local, o Desarrollo y Gestión Interculturales) son percibidas como opciones más inciertas, a pesar de su pertinencia para abordar problemáticas regionales concretas.

La mirada hacia el futuro: nuevas carreras, pero también nuevos modelos

La administración central de la UNAM ha señalado que el fortalecimiento de las sedes foráneas es una prioridad. Las ENES fueron creadas con el objetivo de descentralizar la oferta educativa y atender necesidades regionales específicas. En los últimos años, la UNAM ha inaugurado nuevas unidades, como la ENES Oaxaca, que inició actividades en 2025 con un modelo académico que incluye un enfoque regional, la atención a necesidades locales y modalidades híbridas de enseñanza.

El reto, sin embargo, es mayúsculo. Las mismas autoridades reconocen que la guía de carreras que la UNAM publica anualmente no ha sido suficiente para revertir décadas de preferencias concentradas en pocas disciplinas. "El reto está en comunicar mejor el valor académico y laboral de opciones que, paradójicamente, ofrecen una mayor probabilidad de ingreso y mantienen estándares de calidad universitaria", señala un reportaje de Infobae.

La Secretaria General, Patricia Dávila Aranda, ha insistido en que el proceso de revisión no implica un cierre automático ni afectará a los estudiantes ya inscritos. "Si una opción académica, después de tratar de revisarla y actualizarla, no funciona, pues hay que ir a otra cosa y buscar nuevas alternativas. Y se acabó; es decir, cerrarla sin afectar a nadie", aseveró.

Esta postura refleja una visión pragmática de la gestión universitaria, pero también plantea preguntas de fondo: ¿debe la universidad pública guiarse exclusivamente por criterios de demanda para mantener o cerrar programas académicos? ¿Qué papel desempeña la responsabilidad social al formar profesionales en áreas que, aunque poco demandadas, son estratégicas para el desarrollo del país? ¿Cómo equilibrar la autonomía universitaria con la necesidad de responder a las preferencias de los jóvenes y al mercado laboral?

Conclusión: un espejo de los cambios en la juventud mexicana

La situación que enfrenta la UNAM refleja los profundos cambios en los intereses de los jóvenes mexicanos. En un contexto laboral cada vez más incierto, donde la tecnología avanza a pasos agigantados y las profesiones tradicionales se transforman o desaparecen, es natural que los aspirantes busquen carreras que perciben como más seguras o con mayor retorno económico. Sin embargo, esta búsqueda de seguridad puede estar dejando de lado disciplinas igualmente valiosas y necesarias para el desarrollo integral del país.

Como señaló Patricia Dávila Aranda, "todo el tiempo se están modificando" los planes de estudio en la UNAM. La pregunta es si esas modificaciones serán suficientes para revitalizar carreras que hoy están en la cuerda floja, o si, por el contrario, la universidad se verá obligada a cerrar programas que, pese a su calidad académica, no logran conectar con las aspiraciones de las nuevas generaciones.

El debate, en todo caso, está servido y trasciende la UNAM. Lo que está en juego no es solo el posible cierre de licenciaturas de baja demanda, sino también la capacidad del sistema educativo mexicano para adaptarse a una realidad cambiante sin renunciar a su misión de formar profesionales en todas las áreas del conocimiento, incluidas aquellas que, aunque poco populares, son esenciales para construir una sociedad más justa, diversa y preparada para los desafíos del futuro.


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