La desigualdad hacia las mujeres en el sector STEM es una realidad en México: ¿qué acciones deberíamos tomar al respecto?
La participación de las mujeres en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) en México representa una oportunidad crítica para la movilidad social y el desarrollo económico, pero se enfrenta a barreras sistémicas significativas. Así se reportó recientemente en el estudio “Panorama de la educación STEM en México, orientación vocacional, formación de talento y brecha de género” presentado por Mónica Porres, rectora institucional de la Universidad del Valle de México (UVM).
Actualmente, solo dos de cada 10 mujeres eligen carreras relacionadas con las tecnologías de la información, a pesar de que las personas profesionistas en disciplinas STEM perciben sueldos un 8% superiores al promedio de otras áreas. La brecha salarial de género en este sector es del 18%, notablemente inferior al 22% del promedio nacional, lo que sugiere que el campo STEM es una vía efectiva para reducir la desigualdad financiera.
Sin embargo, persisten obstáculos profundos: desde una marcada brecha en la confianza parental (83% para los hijos varones vs. 57% para las hijas) hasta entornos académicos hostiles y una "penalización por maternidad" en el mercado laboral que puede reducir los salarios de las mujeres hasta en un 24% tras el parto.
A partir del estudio señalado, en este post vamos a profundizar en la situación que viven las mujeres en el sector STEM en México, tanto en la educación formal como en el mercado laboral, y reflexionaremos sobre por qué es importante que tanto el sector educativo como el laboral tomen cartas en el asunto.
1. El panorama educativo y la elección de carrera
La distribución de la matrícula en la educación superior mexicana muestra una concentración masiva en áreas saturadas, mientras que los campos tecnológicos siguen subrepresentados para las mujeres. En cuanto a la distribución de la matrícula, el 65% de las mujeres se concentra en áreas saturadas, como las ciencias sociales, el derecho y las ciencias de la salud. Por ejemplo, en el ciclo escolar 2018-2019 se estimó que, entre los estudiantes de carreras STEM, el 68% eran hombres y sólo el 32% mujeres.
Un informe de la UNICEF estimó que en 2022 un total de 22.200 hombres ingresaron a carreras técnicas o universitarias STEM, mientras que en el caso de las mujeres, sólo 6.927 lo hicieron, es decir, únicamente el 23,7%. A lo anterior, hay que agregar que algunas estimaciones muestran que solo el 12% de las jóvenes en México logran graduarse en una carrera STEM y, de ellas, solo cuatro de cada 10 se incorporan efectivamente al mercado laboral.
La decisión de estudiar una carrera STEM está influida por diversos factores psicológicos y sociales que inciden negativamente con mayor fuerza en el caso de las mujeres. Por ejemplo, diversos estudios han mostrado que la influencia familiar desempeña un papel importante en la elección de carrera. En el caso de México, se ha reportado una disparidad de expectativas entre las familias sobre qué debe estudiar un hijo y una hija. Mientras que el 83% de los padres confía en que sus hijos varones tendrán éxito en una carrera STEM, solo el 57% lo hace respecto a sus hijas.
También se ha demostrado que las mujeres en las áreas STEM suelen mostrar interés por las matemáticas desde edades tempranas; sin embargo, a menudo sienten miedo ante la complejidad técnica debido a estereotipos de género que se cultivan en los entornos sociales, culturales y familiares desde pequeñas edades.
2. Desafíos en el entorno académico
El tránsito por las aulas universitarias en campos masculinizados no es un camino sencillo y está marcado por la necesidad de un doble esfuerzo por parte de las mujeres para obtener el mismo reconocimiento que sus pares varones. Por ejemplo, en las carreras STEM prevalecen estilos de docencia que llegan a ser hostiles. Las estudiantes reportan ambientes "fríos" o adversos en los que los profesores a menudo minimizan su participación y prefieren asignar tareas complejas a los hombres.
Además, persiste la creencia de que la genialidad y la brillantez son rasgos masculinos. Se ha documentado que a partir de los seis años, las niñas comienzan a asociar a los niños con mayores habilidades intelectuales, algo que se refuerza en la práctica: en grupos donde la presencia femenina es mínima, las estudiantes son "señaladas" constantemente, ya sea para cuestionar su capacidad o para ser utilizadas como ejemplo de excepción.
Por otra parte, en diversos estudios se ha encontrado que la enseñanza actual de las matemáticas para niñas presenta áreas de oportunidad críticas: no existen enfoques integrales que incentiven la curiosidad de la niñez en general y en mayor medida en el caso de las niñas; suele haber una desconexión entre el planteamiento de problemas básicos y su aplicación en el mundo real; no suele haber en las instituciones educativas profesoras que sean vistas por las estudiantes como modelos en las áreas STEM que estimulen su interés y les brinden seguridad.
3. Realidad laboral adversa: ingreso, salario y obstáculos
Insertarse en el mercado laboral en las áreas STEM representa algunas ventajas para las mujeres: la brecha salarial de género en el campo STEM, en promedio, en México es de 18% frente al 22% en otras áreas; además, las áreas STEM presentan, en promedio, una diferencia salarial a favor de 8% mayor respecto a otros campos laborales. Además, cerca del 30% de las mujeres en las áreas STEM logran colocarse en puestos de alta especialización al año de graduarse, lo que representa una capacidad de capitalizarse a una edad más temprana que en otras disciplinas.
Sin embargo, persisten barreras estructurales que dificultan la inserción de las mujeres en el mercado laboral de STEM. Un ejemplo es el sesgo de género en las vacantes, ya que muchas empresas publican perfiles en los que el género masculino es el deseado o asumen que las mujeres sólo aspiran a puestos operativos o de bajo nivel.
Algunos estudios muestran que las egresadas reportan con frecuencia que sus conocimientos son cuestionados por colegas varones y, en ocasiones, se les asignan tareas que no corresponden a su formación profesional por el solo hecho de ser mujeres. Además, se han identificado manifestaciones de violencia de género, incluyendo hostigamiento sexual, comentarios sexistas de superiores ("las mujeres deben estar en la cocina") y restricciones en la vestimenta para "evitar" el acoso.
4. El impacto de la maternidad
La forma discriminatoria en que, en la política y en las prácticas laborales y salariales en México, se atiende la maternidad se identifica como uno de los factores más determinantes de la ralentización de las trayectorias profesionales de las mujeres STEM. La penalización para la madre comienza desde el embarazo. Se estima una sanción del 24% sobre el salario seis años después del parto, siendo más severa en mujeres pobres o jóvenes.
Por otro lado, se ha documentado que tanto los empleadores como las propias profesionistas perciben la maternidad como una limitación debido a la demanda de tiempo y a la necesidad de desplazarse en ciertos puestos tecnológicos. A esto se suma la falta de sistemas de cuidado, que obliga a muchas mujeres a dejar el mercado laboral; al intentar regresar, a menudo se encuentran desactualizadas respecto a los avances tecnológicos.
5. Conclusiones y algunas recomendaciones estratégicas
Diversos estudios coinciden en que las instituciones educativas y el sector privado deben implementar cambios estructurales para evitar la pérdida de talento femenino. En este sentido, se presentan algunas recomendaciones a las instituciones educativas y al sector laboral sobre acciones que, de aplicarse, podrían contribuir a cerrar las desigualdades en el acceso de las mujeres a las áreas STEM.
Recomendaciones para Instituciones de Educación Superior:
- Cero tolerancia: implementar políticas rigurosas contra el hostigamiento sexual y sancionar las conductas machistas en el aula.
- Visibilidad de modelos: documentar y publicar casos de éxito de egresadas para que sirvan de referentes para las nuevas generaciones.
- Docencia con perspectiva: contratar a un mayor número de profesoras e impartir cursos de sensibilización de género al personal académico.
- Becas específicas: crear programas de apoyo económico exclusivos para mujeres en sectores vulnerables que estudien áreas STEM.
Recomendaciones para el sector laboral:
- Conciliación vida-trabajo: ofrecer esquemas flexibles que permitan la corresponsabilidad en el cuidado.
- Eliminación de sesgos en el reclutamiento: auditar los procesos de contratación para asegurar que el género no sea un factor determinante en la selección ni en el sueldo inicial.
- Mentoría: fomentar programas de liderazgo en los que mujeres en puestos directivos guíen a las recién egresadas.
En definitiva, los datos expuestos muestran que las áreas STEM en México representan una paradoja: son un camino demostrablemente efectivo para la movilidad social y la reducción de la brecha salarial femenina, pero continúan custodiadas por barreras sistémicas que van desde la desconfianza parental en la infancia hasta la severa penalización por maternidad en la vida laboral.
Mientras el talento de miles de jóvenes mexicanas se diluya en la saturación de otras disciplinas o sea frenado por entornos académicos hostiles y sesgos corporativos, el país no solo perpetuará una injusticia de género, sino que también renunciará al potencial innovador necesario para su desarrollo económico.
El panorama delineado por el estudio "Panorama de la educación STEM en México, orientación vocacional, formación de talento y brecha de género” deja claro que cerrar esta brecha no es una cuestión de preferencias vocacionales individuales, sino una asignatura pendiente de la política educativa, la política laboral y la corresponsabilidad empresarial. Apostar por las mujeres en la ciencia y la tecnología no es solo un acto de equidad; es, ante todo, una decisión estratégica para construir un futuro próspero y sostenible para México.



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