HACIA UNA NUEVA FRONTERA EDUCATIVA: LAS VENTAJAS DE INCORPORAR LA EDUCACIÓN MEDIA SUPERIOR AL MODELO DEL INEA
La educación no es solo un peldaño en la formación individual, sino un derecho humano esencial que otorga a cada persona la posibilidad de contar con una formación académica que la prepare para “leer” el mundo y actuar de mejor manera, como trabajador, como ciudadano y como parte de una comunidad, en un entorno cada vez más complejo e incierto.
En el contexto mexicano, este principio no es solo una aspiración ética, sino también un mandato legal. El Artículo Tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece con claridad que toda persona tiene derecho a recibir educación, señalando la responsabilidad del Estado de ofrecer de manera gratuita la educación básica y la media superior, niveles que poseen el carácter de obligatorios y laicos. De manera concordante, la Ley General de Educación refuerza esta obligatoriedad al establecer que todos los ciudadanos deben cursar estos niveles formativos.
Sin embargo, la realidad social a menudo avanza a un ritmo distinto al de los decretos legislativos. A pesar de los esfuerzos institucionales y de las acciones de diversos organismos nacionales para atender a la población adulta, persiste en México un porcentaje significativo de ciudadanos que no han logrado ni acceder ni concluir siquiera la educación básica. Esta brecha se vuelve aún más crítica cuando hablamos del nivel medio superior. Actualmente, se estima que el número de mexicanos que no cursaron o no concluyeron el bachillerato asciende a 26 millones. Ante este panorama, surge una propuesta que podría mejorar las posibilidades de aprendizaje a lo largo de la vida en el país: que el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) amplíe su oferta educativa para incluir el bachillerato.
Este cambio estructural no es solo una respuesta administrativa ante una estadística alarmante; representa una evolución necesaria del sistema educativo para adaptarse a los tiempos actuales, incorporando el uso de la tecnología y los avances científicos para combatir el rezago educativo. En las siguientes líneas, reflexionaremos sobre las ventajas que esta iniciativa aportaría a la población adulta y al desarrollo nacional.
El diagnóstico del rezago: una urgencia de 26 millones de rostros
Para comprender las ventajas de que el INEA ofrezca la Educación Media Superior, primero debemos dimensionar el desafío. La cifra de 26 millones de personas en situación de carencia por rezago educativo (esto es, personas que, estando fuera de la edad típica, no han concluido la educación obligatoria, que en México incluye la Educación Media Superior) no es solo un número; es un obstáculo para el desarrollo individual y nacional, así como para lograr la equidad social.
La mayoría de estas personas se encuentran en una etapa vital de alta productividad, entre los 30 y los 50 años. Se trata de ciudadanos que ya forman parte de la fuerza laboral, sostienen familias y, a menudo, poseen una vasta experiencia práctica que el sistema educativo formal suele ignorar.
Para el director general del INEA, Armando Contreras Castillo, la atención a este rezago es algo "urgente" (ver esta nota). Bajo el ritmo actual de atención, se estima que el país necesitaría otros 30 años para abatir el rezago en el nivel medio superior si no se implementan medidas extraordinarias. La inclusión del bachillerato en el decreto de creación del INEA permitiría acelerar este proceso y ofrecería una alternativa real para quienes ya han concluido su secundaria en el instituto y demandan continuar su formación.
La flexibilidad como pilar del éxito para el estudiante adulto
Una de las ventajas más evidentes del INEA, demostrada a lo largo de casi 45 años de historia, es su modelo flexible. A diferencia de los sistemas educativos escolarizados, que a menudo pecan de rigidez, el INEA se adapta a las circunstancias de vida de sus estudiantes. Para un adulto que trabaja en el campo desde la infancia o que desempeña funciones como servidor público, la posibilidad de asistir a la escuela "cuando se tenga tiempo" es el factor determinante entre el abandono y el éxito académico.
Los testimonios de los educandos refuerzan esta idea. De acuerdo con esta nota del diario La Jornada (ver aquí), estudiantes como Mauro Macías, de 35 años, destacan que el bachillerato ya es un nivel básico exigido en cualquier entorno laboral. Por su parte, personas como don Rosario Ramírez, quien a sus 52 años sueña con ser ingeniero agrónomo, ven en el INEA la única vía factible para alcanzar sus metas profesionales sin descuidar sus responsabilidades económicas y familiares.
La rigidez de los sistemas tradicionales es, de hecho, una de las principales causas por las que cerca de 5 millones de personas abandonaron el bachillerato después de cursar apenas el primero o segundo grado. El INEA, al ofrecer un esquema que reconoce la escasez de oferta educativa en comunidades remotas y las necesidades de empleo o de cuidado familiar, se convierte en la herramienta ideal para atender a esta población.
Impacto en la productividad y la importancia del reconocimiento de saberes
Incorporar la Educación Media Superior al INEA no solo beneficia al individuo, sino que también tiene un impacto directo en la economía del país. El fortalecimiento de la productividad nacional pasa necesariamente por reconocer los saberes de quienes ya han acumulado conocimientos y experiencia a lo largo de su trayectoria laboral.
Al certificar el bachillerato, el INEA no solo otorga un documento, sino que también valida la trayectoria de vida de los adultos, permitiéndoles acceder a mejores empleos y, fundamentalmente, abriendo la puerta a la educación universitaria.
Este enfoque de "reconocimiento de saberes" es vital. Muchos adultos con rezago educativo poseen competencias técnicas y prácticas equivalentes o superiores a las que se imparten en un aula tradicional, pero carecen de acreditación formal. La oferta del INEA permitiría cerrar esa brecha y convertir la experiencia empírica en una ventaja competitiva certificada. Esto es especialmente relevante en los estados del centro y norte del país, donde, aunque el rezago en alfabetización y primaria es menor que en el sur, existe una masa crítica de egresados de secundaria (más de 322,000 anualmente) que buscan el siguiente peldaño formativo.
Tecnología y ciencia: un bachillerato para el siglo XXI
La discusión sobre la modificación del decreto de creación del INEA, que actualmente mantienen las autoridades educativas junto con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, pone especial énfasis en que esta nueva oferta educativa esté acorde con los tiempos actuales. Esto implica integrar de manera transversal el uso de la tecnología y los avances científicos.
Para la población adulta, dominar las herramientas digitales no es solo un objetivo académico, sino una necesidad de supervivencia en el mercado laboral moderno. Un bachillerato en el INEA, diseñado bajo estas premisas, permitiría a los estudiantes no solo concluir sus estudios, sino también alfabetizarse digitalmente en profundidad.
La educación media superior se convertiría así en un puente hacia un mejor desarrollo de la sociedad, permitiendo que personas históricamente marginadas del sistema educativo formal participen activamente en la economía y en la vida social.
Superando las barreras de género y desigualdad regional
Un análisis profundo del rezago educativo en México no puede ignorar la dimensión de género. Los estudios indican que las mujeres representan la población más numerosa en situación de analfabetismo y rezago educativo, lo que evidencia que las oportunidades de acceso han sido históricamente desiguales.
Entre las causas que impiden a las personas mayores de 18 años concluir su bachillerato se encuentran, además de las necesidades económicas, factores como el matrimonio y la atención a los hijos, responsabilidades que recaen desproporcionadamente sobre las mujeres.
El modelo del INEA tiene la capacidad de mitigar estas desigualdades al ofrecer opciones de estudio que no obliguen a las mujeres a elegir entre sus proyectos educativos personales y sus contextos familiares. Al acercar la oferta educativa a las comunidades donde actualmente no existe, se atenúan las barreras de movilidad que suelen afectar más a la población femenina.
Asimismo, atender el rezago en el nivel medio superior es una estrategia clave para equilibrar las diferencias regionales; mientras que en el sur del país los esfuerzos aún se concentran fuertemente en la alfabetización y la primaria, en el resto de México el bachillerato se presenta como la nueva frontera para la movilidad social.
El desafío de los "desertores del sistema escolarizado"
Resulta revelador que una parte significativa del rezago educativo en bachillerato provenga de personas que sí iniciaron sus estudios, pero no pudieron sostenerlos en el sistema tradicional. Se reporta que alrededor de 2,5 millones de personas llegaron hasta el segundo grado de educación media superior, y otros 2.5 millones adicionales cubrieron solo el primer grado.
Estos 5 millones de personas representan un "potencial de recuperación" inmediato para el INEA. No son personas que necesiten empezar de cero, sino ciudadanos que requieren un sistema que entienda por qué la rigidez del aula tradicional les falló. La ventaja del INEA en este punto es su capacidad para ofrecer una alternativa que no penalice la interrupción de los estudios, sino que facilite el retorno al aprendizaje en un entorno que respete la autonomía del adulto.
Conclusiones: El INEA, un compromiso con el futuro de México
La posibilidad de que el INEA ofrezca la Educación Media Superior representa uno de los cambios más interesantes y necesarios en la política educativa reciente de México. No se trata simplemente de añadir un nivel más a un organismo descentralizado, sino de cumplir una promesa constitucional que durante décadas ha sido inaccesible para millones de ciudadanos.
Las ventajas son multidimensionales:
- Justicia social: Atiende a un sector de 26 millones de personas que el sistema tradicional ha dejado atrás.
- Flexibilidad real: Permite que trabajadores y padres de familia estudien a su propio ritmo, adaptándose a sus realidades económicas y geográficas.
- Desarrollo económico: Potencia la productividad al certificar los saberes acumulados y permitir el acceso a la educación superior.
- Modernización: Integra la tecnología y la ciencia como ejes de una formación pertinente para el siglo XXI.
- Equidad: Ofrece una vía para cerrar las brechas de género y las disparidades regionales que aún fracturan al país.
A lo largo de su historia, el INEA ha demostrado ser una institución capaz de transformar vidas mediante la alfabetización y la educación básica. Extender esa capacidad al bachillerato es reconocer que, en el México de hoy, la educación media superior es el nuevo estándar mínimo para una vida digna y participativa.
La mesa está puesta y el diálogo entre las autoridades parece indicar que pronto habrá una alternativa que responda a este reclamo social histórico. Abatir el rezago educativo en el bachillerato no es solo una meta estadística; es la inversión más rentable que el Estado puede hacer en su capital humano.



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